Y bueno, anoche estuve hasta las 3 am buscando fotos, precios e historia de los Playmobil. Y es que ningún juguete ha superado a mis pequeños esclavos de plástico hasta ahora. Hmm, puede ser que eso de tener control total sobre un mundo de miniaturas sea lo más atrayente.
En fin, cuando era chica mis compañeras de colegio me llamaban la atención por la cantidad de juguetes que tenía, pero sin duda mi mayor obsesión eran estas figuritas de 7, 5 cm de alto que fueron responsables en gran medida de mi mentalidad soñadora.
Tuve todos los juguetes que una niña de mi edad podía querer: barbies, patines de estos y de los otros, red y pelota de voley,  basquet, hartas muñecas y mi respectiva casa con luz en el patio de los columpios decorado con pastelones y un par de discretos enanos entre las plantas.  
Para qué hablar de las cosas que me fueron interesando después (demasiado variadas), pero ya desde chica empecé intrusear en las pertenecias de mis hermanos pintando su Taca-taca  gigante a mi gusto o "asaltándole" el banco del "Metrópolis" cuando no estaban. (UUUU, me llegó el medio reto por eso, ja)
Cualquiera podría creer que era una niña consentida o por  el contrario, falta de cariño, pero no: tenía mis 3 hermosos hermanos, 3 de mis interesantísimos abuelos, buenas amigas- que hasta hoy siguen a mi lado - y unos  papás  cariñosos y completos que me educaron muy bien y me estimularon siempre a lograr lo que quiero sin sobreexigencias de su parte. Como si fuera poco me juntaba todos los sábados con la mayoría de mis primos que tienen edades cercanas a la mía y le hacíamos show a nuestros orgullosos (y MUY pacientes) mayores, al tiempo que disfrutábamos de deliciosos manjares que compraban mis Tatas queridos.

Sí, fue una infancia soñada y eso a veces me hace sentir mal porque no alcanzo a comprender por qué Dios me quiso dar tanto.
Amo a mi familia, me encanta mi profesión (heredada  o copiada de mi papito por cierto). Extraño a los que se fueron y tengo miles de planes a futuro, pero todo esto no significa que no haya habido grandes dolores en el camino.
Lo bueno es que sobre todo mi abuelo nos inculcó a mí y a los nietos que tenía a su alcance, que la familia es lo más importante siempre, pase lo que pase. Por eso hoy, cuando se cumplirán 10 años de su muerte, y las distancias entre nosotros son intercontinentales, los primos seguimos unidos  y buscando siempre  oportunidades de reunión.